COP30: Otro intento fracasado

Por Francisco Castejón


Los prolegómenos

Adaptación, mitigación, prevención son palabras que suenan muy a menudo en la actualidad referidas al cambio climático, lo que viene a mostrar que la especie humana no está haciendo lo suficiente en la lucha contra el calentamiento global y no consigue vivir en el planeta sin perturbarlo seriamente. Ya se admite que vamos a sufrir cierto aumento de temperaturas y se habla de adaptarnos al nuevo clima en el que viviremos, de mitigar ese cambio climático en la medida de lo posible y de prevenir los efectos más negativos.

Los antiguos debates sobre si se está produciendo o no un cambio climático y si este es o no de origen antropogénico están ya clarificados: sí y sí. Estamos viviendo un cambio climático provocado, sobre todo, por la quema de combustibles fósiles. El avance de la ciencia ha sido lento, por la dificultad del desafío, pero también porque ha tenido que luchar contra enormes intereses de agentes muy poderosos que han hecho todo lo posible por entorpecer esos avances. Se llegó hasta el caso de que las grandes corporaciones petroleras pagaran a científicos para embarrar el debate y que hubiera así “visiones diferentes” y “opiniones diversas” en el mundo académico sobre el calentamiento global. Hoy no solo se conoce ese juego sucio, sino que también sabemos mucho de la dinámica del clima y los modelos climáticos permiten conocer con bastante exactitud lo que ocurrirá si no dejamos de emitir gases de efecto invernadero a la atmósfera.

Pero no son necesarios los complejos modelos climáticos para ser conscientes de lo que está ocurriendo. Existen numerosas evidencias experimentales: por ejemplo, según los informes del IPCC, 2023, 2024 y 2025 son los años más calientes desde que se miden las temperaturas. En 2023 se superó en varias ocasiones el aumento de 1,5º que se había fijado como límite en la Cumbre de París de 2015 para 2100. Dicho límite es precautorio y se fijó en 2º el aumento máximo de temperatura a partir del cual se van a disparar fenómenos catastróficos irreversibles.

A nivel local, y dando la razón a los modelos climáticos que predicen efectos más intensos en la cuenca mediterránea, hemos experimentado eventos atmosféricos dramáticos, como la DANA del 29 de octubre de 2024 en Valencia, que han generado cientos de víctimas y obligan a replantear el urbanismo y tener finalmente en cuenta la no construcción en zonas inundables, cosa que, por otra parte, deberíamos haber hecho antes. También son un ejemplo dramático los incendios del verano de 2025 en nuestro país.

Las responsabilidades de este aumento de temperaturas corresponden a las personas más ricas del mundo y los efectos negativos los sufren las más pobres. Por países, China se ha situado como el principal emisor de GEI (gases de efecto invernadero) con un 29% de todas las emisiones, modificando radicalmente el panorama de las últimas décadas, seguida de EEUU con un 11%, de India con un 8%, de la UE, que es responsable del 5,95% y de Rusia con un 4,58%. Entre estos países suman casi el 60% de las emisiones con el 46% de la población. Si quitamos a India, tenemos el 51% de las emisiones a cargo del 28% de la población mundial, lo que es manifiestamente injusto. Y la justicia aún es mayor cuando vemos la desigualdad de emisiones entre las diferentes capas sociales dentro de cada país. Pero ese lamentable ranking muestra mejor las responsabilidades si consideramos las emisiones por habitante: si un habitante indio emite 1, un europeo emite 2,4, un chino 3,7, un estadounidense 5 y un ruso 5,1.

Los debates actuales son más perversos aún que los sostenidos en la antesala de previas COPs. Ya no valen las evidencias científicas puestas sobre la mesa pues el negacionismo climático que se está extendiendo cabalgando sobre la ola reaccionaria mundial es también un negacionismo científico. Una parte importante de las élites y de la población no reconoce la ciencia como una fuente de información fiable. Y esto sucede en este como en otros temas.

Desde el “drill, baby drill” de Donal Trump al “eso son estupideces” de Vox pasando por la calificación de econazismo al movimiento que lucha contra el cambio climático y al que, paradójicamente, los líderes del PP culparon de los incendios forestales del verano, son algunos ejemplos. Pero una mayor paradoja es como el pacto PP-Vox que nace de la dimisión de Carlos Mazón por la lamentable gestión de la DANA va a luchar contra el pacto verde, un intento de limitar las emisiones de GEI. Fiel a estas posiciones, Donal Trump sacó a EEUU del acuerdo de París.

De hecho, en EEUU las palabras “cambio climático” han desaparecido de todos los documentos oficiales. Y Donald Trump, al igual que Xi Jinping, Vladimir Putin y la presidenta india Draupadi Murmu no han participado en la COP. Más aún, el gobierno de EEUU no ha enviado a nadie, aunque han acudido a la cumbre algunos alcaldes y gobernadores demócratas. Pero estos no tienen autoridad para firmar ningún acuerdo internacional. La UE, a pesar de contar con un gobierno de derechas, ha enviado a altos representantes: la presidenta de la Comisión y el presidente del Consejo. Además de algunos mandatarios como Pedro Sánchez o Enmanuel Macrón. Pero la UE tampoco cuenta con un consenso interno lo suficientemente sólido y los acuerdos en su seno alcanzadas adolecen de algunas debilidades como la posibilidad de compensar emisiones de GEI, lo que no obliga a reducir estas emisiones.

Lo cierto es que sin el compromiso de los principales emisores, es difícil esperar buenas noticias. Todo este panorama no resulta prometedor.  Antonio Guterres, Secretario General de la ONU, calificó de “fracaso moral y negligencia mortal” la incapacidad para acabar con esta amenaza.

El resultado de la COP30

El resultado final es decepcionante, como no podía ser de otra manera en concordancia la situación descrita. El acuerdo final no contempla, en contra de las propuestas iniciales, una hoja de ruta para el abandono de la quema de combustibles fósiles, lo que sería prioritario para luchar contra el cambio climático. De hecho, ni siquiera aparecen las palabras “combustibles fósiles” ni ninguno de sus sinónimos en el acuerdo. Sí que se acordó una serie de indicadores para medir los esfuerzos de adaptación al cambio climático, lo que al menos facilita el seguimiento de los impactos de este y de la eficacia de las políticas de reducción de emisiones que se realicen en el mundo. Pero hemos visto que en otras cumbres la discusión se centraba más en esas políticas, es decir, en las medidas que se iban a tomar para reducir la dependencia de combustibles fósiles y en la fecha en que estos se iban a abandonar definitivamente.

A pesar de no citar la causa principal del cambio climático, el acuerdo sí que lo reconoce como “una preocupación común para la humanidad” y se reafirma en el compromiso de los países firmantes del Acuerdo de París según el cual la temperatura no debe aumentar más de 1,5º en 2100.  Cabe preguntarse, sin embargo, como se pretende conseguir este objetivo, si no eliminamos o, al menos, reducimos, nuestra dependencia de los combustibles fósiles.

En el capítulo de la financiación, se mantiene el acuerdo alcanzado en la COP29 según el cual se “urge” a los países firmantes a triplicar la financiación y alcanzar los 300.000 millones de dólares para la adaptación al cambio climático. Sí, así de etéreo. También se establecen mecanismos de transición justa que tengan en cuenta las necesidades de los trabajadores afectados por la transición energética.

Ante la insuficiencia de lo acordado y viendo que no se mencionaban los combustibles fósiles, más de 20 países, casi todos con gobiernos de izquierda como Chile, España, Colombia o México, se han comprometido a adoptar políticas para abandonar los combustibles fósiles. Este grupo de países celebrará una cumbre en Colombia para avanzar en estos compromisos. De nuevo el mundo se divide y la lucha contra el cambio climático se produce a dos velocidades. Los países que avancen en las medidas y desarrollos técnicos que faciliten la transición energética se colocarán en una posición ventajosa también desde el punto de vista económico. Y en este mundo donde el beneficio es uno de los motores, esto podría permitir avanzar en ese sentido. El hecho de que más del 90% de la potencia eléctrica instalada en el mundo en 2024 sea renovable es un indicador de que las ventajas de las energías renovables, de las nuevas tecnologías asociadas y de los nuevos modelos sociales que posibilitan, generan un crecimiento de estas tecnologías en el mundo. A pesar de los mensajes de Donald Trump, las renovables son también la principal potencia instalada en EEUU durante el primer semestre de este año. Asimismo, España y Portugal disfrutan a menudo de unos de los precios de la electricidad más bajos de Europa gracias al despliegue de renovables. Claro que todos estos esfuerzos no son aún suficientes.

El resultado es que se ha producido una COP sin compromisos concretos de reducción de emisiones de GEI, y el tiempo va pasando y las posibilidades de mantener el aumento de temperaturas en unos valores razonables se van reduciendo. Cuanto más se tarde en tomar medidas efectivas para reducir las emisiones de GEI, más concentración de estos gases habrá en la atmósfera y más difícil será reducir el efecto invernadero.

La falta de políticas concretas y de calendarios de reducciones va acompañada del aumento de las posiciones negacionistas que se niegan a aceptar las evidencias científicas. Sin embargo, todo esto no debe inducirnos a la parálisis, sino al contrario. La defensa de un planeta en el que podamos vivir sin la amenaza climática, el impulso a movimientos sociales y políticos que vayan en esta dirección, debe ser uno de los objetivos de nuestras acciones. La existencia del cambio climático se ha convertido en una nueva batalla cultural, en la que debemos participar. Poner en valor las ventajas que tiene la reducción de emisiones es un instrumento de primer orden: respeto del medio ambiente, creación de comunidades energéticas, generación distribuida que permite explotaciones de menor tamaño,… No es la realización de una utopía social, pero es un avance respecto a lo que tenemos hoy.  


Este artículo se publicó en el número Berrituz de enero 2026

Las 5W de los conflictos olvidados

Por Carlos Tofiño


Se han cumplido ya dos años desde aquel 7 de octubre que hizo saltar, literalmente, todo por los aires en la Franja de Gaza. La brutalidad del asedio israelí y la retransmisión de un genocidio en directo han eclipsado la actualidad noticiosade cualquier otro conflicto en curso, incluida la guerra en Ucrania. Pero ambos conflictos no se iniciaron con el ataque deHamás en octubre de 2023 ni invasión rusa en febrero del 2022; sin embargo, los grandes medios de comunicaciónoccidentales ofrecían, de ambos contextos, un eco mediático reducido a informaciones esporádicas e intermitentes. Y aunque de forma paulatina estas dos guerras vuelvan a desvanecerse en las escaletas de los telediarios, todavía están lejos de caer en el saco roto de los conflictos olvidados. Será entonces precisamente ese olvido una de las principalescausas que alimenten su cronificación, como sucede con tantos otros conflictos que, tras el vacío informativo, esconden toda una red de perversos intereses alimentados por contiendas sin testigos, que condenan a poblaciones locales a un sufrimiento perpetuo y un futuro incierto.

La tradición periodística ha utilizado el paradigma de las 5 W para estructurar el relato informativo, es decir, responder al what, where, who, when and why (el qué, dónde, quién, cuándo, y por qué) para transmitir el mensaje noticioso. Porsu parte, las teorías de la agenda setting explican las razones por las que los medios de comunicación —en particular losgrandes medios de masas— jerarquizan unas noticias frene a otras. Mediante la reinterpretación e integración de ambosconceptos analizaremos en estas líneas por qué algunos conflictos, a pesar de generar muerte, destrucción y pobreza, dejan de ser noticia.

What?

Definir QUÉ es un conflicto responde a numerosos matices, es decir, se trata de un concepto que va más allá delenfrentamiento armado entre dos partes. El HIIK (Heidelberg Institute for International Conflict Research), un instituto independiente que investiga y analiza conflictos políticos internacionales adscrito al Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Heidelberg (Alemania), publica desde hace más de tres décadas el Barómetro de conflictos a nivelmundial. Este documento clasifica los conflictos en cinco categorías: “disputa; crisis no violenta; crisis violenta; guerra limitada y guerra”. El registro medio del último lustro supera los 300 conflictos por año, siendo más de 200 catalogados como conflictos violentos y con una media de más de 40 guerras abiertas en todo el mundo. Probablemente, cualquierciudadano medio que se informe a través de losprincipales canales españoles de prensa, radio o TV tendría dificultades para identificar más de 5 guerras en curso.

Pero, al margen de los conflictos categorizados como guerras, existen otros como los medioambientales, por la explotación de recursos naturales (Río Las Vacas, Guatemala) o la contaminación por vertidos tóxicos (los llamados pueblos del cáncer, China); los relacionados con el derecho a la tierra de los pueblos indígenas (Sengwer, Kenia; Adivasis, India); las crisis migratorias (Tapón de Darién, Centroamérica; cárceles ilegales en Libia); o la violencia estructural (mafias del narcotráfico, México; pandilleros, Haití). Todos ellos generan víctimas mediante disparos,destrucción y otras formas de violencia, que funcionan como moneda de cambio dentro de un ciclo viciado de intereses que ignoran a las poblaciones locales.

Where?

La cuestión del DÓNDE podría condicionar a la hora de informar sobre un conflicto, especialmente por el criterio de proximidad geográfica. Siendo así, desde las antenas informativas europeas, y particularmente la española, aquellos conflictos en territorio asiático nos pillarían lejanos desde una perspectiva territorial, cultural e incluso económica. Esto justificaría la escasez de información sobre guerras como la de Myanmar, muy a pesar de su impacto humanitario con más de 10.000 muertes, 3 millones de desplazados y una persecución étnica calificada de genocidio hacia el pueblo Rohingya. Por el contrario, la proximidad con el continente africano debería ocupar el principal foco de atención informativa internacional (al margen de la actualidad europea), pero no es el caso. Ni siquiera para los grandes mediostiene suficiente peso informativo que África sea el continente con mayor número de guerras en curso, sumando más del50% del total mundial.

El “dónde” nos revela, pues, que para la sección de internacional el criterio predominante gira en torno al estatocentrismo. Es decir, se da prioridad informativa a los espacios de relaciones políticas con grandes estados de influencia —los cuatro países europeos de siempre, Estados Unidos y China— y, por supuesto, con las organizaciones internacionales adscritas: UE, OTAN y, en menor medida, NNUU. Para el caso español, habría que añadir la atenciónhacia el otro lado del Atlántico por el vínculo histórico, cultural y económico con AméricaLatina, y en menor medida (y de forma desigual), la región de Oriente Próximo, cuya relativa cercanía geográfica con Europa es casi puracoincidencia. Con este mapeo geográfico de la atención mediática, resulta que los principales medios de comunicaciónespañoles ofrecen una escasa o nula cobertura informativa hacia el casi 75% del total de las guerras en el mundo: las que se libran en el África Subsahariana, Asia y Oceanía.

Y en esta (no) cobertura geográfica informativa de los conflictos, en nada ayuda la raquítica política de corresponsalíasde prensa que, desde la crisis del 2008, no levanta cabeza. Si tomamos África de nuevo como ejemplo geográficosignificativo por el número de guerras registradas, la realidad es una ausencia absoluta de corresponsales, a excepción de alguna esquina del continente como Rabat, Dakar o, si acaso, Johannesburgo o Nairobi. Tampoco proliferan los enviadosespeciales a las zonas de conflicto, recurriendo los grandes medios con demasiada frecuencia a la alternativa del “corta y pega” de noticias de agencia, lo que dificulta aportar valor mediante crónicas en origen con el contexto y rigor deseables.Menos aún colaboraciones con periodistas nacionales oriundos de los lugares en conflicto.

Who?

Este rigor y contexto también se nota al informar del QUIÉN. Los actores tradicionales de los conflictos armados son ejércitos regulares de países enfrentados por territorio, como el caso de Rusia y Ucrania. Pero la gran mayoría de lasguerras abiertas por el mundo son intraestatales, es decir, la batalla está dentro de los propios territorios nacionales. Poreso el “quién” de los conflictos olvidados es difícil de identificar, pues se extiende a otros grupos armados comoguerrillas, milicias, bandas paramilitares, narcotraficantes, yihad islámica, señores de la guerra, niños-soldado… Según Karlos Pérez Armiño, profesor de Ciencia Política especializado en Seguridad, Relaciones Internacionales y AyudaHumanitaria, estos grupos “tienen poco sentido de la disciplina y operan sin casi cadena de mando ni programa político”. A su vez, se añadirían los (nada nuevos) grupos mercenarios cuyo protagonismo mediático ha sido copado en la últimadécada por ejércitos rusos en los países del Sahel, Ucrania o en la guerra de Siria y que son herederos del modelo paramilitar israelí, británico o norteamericano como parte de la perversa externalización de las estrategias de política internacional que ejercen las grandes potencias.

¿Sabría entonces el lector, espectador u oyente identificar siglas como al-Shabaab, ASWJ, M23, TPLF, Boko Haram…? Aunque algún nombre pueda sonar familiar, sorprendería saber que refieren sólo a cinco de las 21 guerras que sedirimen en el continente africano. Pero no se trata sólo de identificar, sino de dar contexto. La drástica reducción de corresponsales y enviados especiales por los grandes medios de comunicación occidentales, a partir de la mencionada crisis económica del 2008, contribuyó al déficit en el relato periodístico. Esto limita la explicación, más allá de la superficialidad del conflicto, sobre las raíces históricas y conexiones sociales de los actores enfrentados. Conflictos, por cierto, hegemónicamente masculinos en cuanto a su liderazgo.

When?

La cronificación es una característica propia de los conflictos olvidados, lo que dificulta establecer el CUÁNDO o inicio de la contienda. En muchos casos, el inicio se remonta a procesos de descolonización incompletos o imperfectos (Sáhara Occidental o la disputa de Cachemira); a fenómenos político-religiosos (expansión del Estado Islámico o revueltas civiles como la Primavera Árabe) o a enfrentamientos étnicos y territoriales heredados de la fragmentación de antiguos estados plurinacionales (Sudán del Sur o los Balcanes).

Desde una perspectiva mediática occidental, la noticia salta habitualmente ante la violencia generada por un atentado, golpe de Estado o un recrudecimiento extremo del conflicto, como ha sucedido recientemente en Sudán. Sin embargo,éste ha sido un episodio más en una larga historia de país que ha vivido décadas de guerra. Así ocurrió también con el actual genocidio en Palestina: el continuo goteo de muertos semanales que se producía en Cisjordania y Gaza a manos del ejército israelí y sus colonos no suponía motivo de noticia hasta que, como apuntábamos al principio, el 7 de octubre hizo saltar todo por los aires.

En este sentido, habría que añadir a esas 5 W una pregunta más: el CUÁNTO. Es decir, ¿cuántas muertes o cuánta desolación se tiene que producir para que una guerra se convierta en noticiosa? Me atrevería a decir que, para losgrandes medios de comunicación occidentales, ese número es irrelevante o, por lo menos, así lo parece según losregistros de los tres conflictos armados con mayor número de víctimas mortales en lo que va de siglo XXI: Yemen (2014-2024), con 230.000 muertes, cinco millones de desplazados internos y el 80% de la población en situación de asistencia humanitaria; Tigray, Etiopía (2020-2022), las estimaciones superan el medio millón de muertos y dos millones de desplazados y Sudán (2023-…), con más de 150.000 muertes, 7,5 millones de desplazados internos, 3,5 millones de refugiados y el 50% de la población (24 millones) sufriendo escasez alimentaria.

Why?

El PORQUÉ de los conflictos olvidados respondería, pues, más a razones geoestratégicas y económicas que geográficas o humanitarias. Estas razones de corte político son también asumidas por los grandes medios de comunicación occidentales. Su cobertura periodística internacional reproduce las fichas de un sistema geopolítico que se debate entre la aspiración hegemónica y la realidad multipolar. Pero, en ocasiones, determinados conflictos sí consiguen, paradójicamente, una amplia cobertura que desharía las tesis anteriores.

El porqué en estos casos respondería a una razón más profunda: cómo la barbarie de la guerra es capaz de interpelar nuestros valores como sociedad, especialmente los valores fundamentales de la sociedad europea (tantas vecesdeshonrados); o, por el contrario, cómo de esa barbarie subyace un cuestionamiento frontal de nuestra identidad como sociedad, que provoca una contundente reacción mediática occidental como respuesta. El conflicto de Gaza sería unejemplo de ambas; aunque hay que reconocer que en otros, ni siquiera estas premisas fueron suficientes.

Cinco preguntas a través de las cinco W del periodismo que, sin ser concluyentes en sus respuestas, no pretenden tanto juzgar como analizar el ejercicio de comunicación de los grandes medios de noticias occidentales. Su gran paradoja es la limitación informativa, o al menos en lo que respecta al periodismo dedicado a los conflictos armados por el mundo. Elolvido aparece como un daño colateral de las guerras, pero es un olvido del que nosotros como lectores, oyentes o espectadores también deberíamos reflexionar. Así lo señalaba Max Fisher, reportero británico de The New York Times, a propósito de la publicación de diferentes crónicas sobre atentados terroristas y la predisposición registrada del lector occidental al visitar las publicaciones web según fuera el origen de las víctimas o el lugar del suceso: si las bombas y los muertos ocurren en Beirut, Bangkok, Bamako o Bagdad, impacta e interesa menos que si son en la sala Bataclan de París, la Rambla de Barcelona o la maratón de Boston.

El periodismo puede llegar a ser una desagradecida profesión si el receptor de noticias no se compromete en escarbarmás allá de los principales titulares en medios convencionales. Incluso en ellos, es posible encontrar interesantescrónicas y reportajes que nos sitúen en la realidad del mundo en el que vivimos. Pero también, y muy especialmente, son los medios no hegemónicos los que insisten en sacar del olvido a aquellos conflictos que no encuentran el eco mediático que merecen. Precisamente, buscan ejercer un periodismo en profundidad que visibiliza y contextualiza la barbarie comoherramienta que ayude al fin de las guerras. Como diría Fisher, superar la apatía y el desinterés de los lectores supondría una satisfacción para quienes se esfuerzan en poner el foco en los territorios y conflictos olvidados.

La extrema derecha, una amenaza para nuestras democracias

“El abrazo», de Juan Genovés, en homenaje a los abogados de Atocha
asesinados en enero de 1977 por pistoleros fascistas (Plaza Antón Martín, Madrid)

Los movimientos de extrema derecha y el neofascismo han crecido mucho en los distintos países y sociedades europeas. Se proponen la desestabilización del sistema democrático a través de una estrategia de “ultranacionalismo e identitarismo, soberanismo y crítica al multilateralismo, condena de la inmigración e islamofobia, la defensa de un Estado de bienestar chovinista que vale para los que son como yo y no para otros” (J. Amat).

Es, en definitiva, un ataque a los derechos sociales, políticos y a las libertades, y a la igualdad, sobre todo a la igualdad de género y los derechos LGTBIQ+, a la integración de las minorías y a la respuesta a la emergencia climática, así como a las políticas de transformación en todos esos ámbitos y, especialmente, en la configuración del actual Estado de derecho.

Podemos abordar esa estrategia, que se extiende más allá del Estado español, a través de algunos aspectos sustantivos (véase):

  • La extrema derecha ataca la institucionalidad democrática y su estrategia propone socavar la separación de poderes, silenciar a la oposición y fomentar los bulos y las mentiras usando una miríada de pseudoperiodistas debilitando todas las instancias científicas, académicas y culturales (el modelo de Trump y la precarización de las universidades públicas frente a las privadas -modelo Ayuso-). La censura de opiniones y manifestaciones culturales son un interés de las derechas.
  • El ataque a las políticas públicas y el refuerzo a la privatización de los servicios sociales, así como la reducción de los derechos laborales. En definitiva, un ataque al estado del bienestar que prolonga los efectos de las políticas neoliberales.
  • El empuje nacionalista e identitario es entendido como lo que ellos consideran «natural, tradicional y de sentido común”, adecuado a unos parámetros del carácter nacional basados en mitos y en un falseamiento de la historia (por ejemplo, la forma de hablar de “reconquista”), acordes con la normatividad religiosa, sexual y de género. Estas concepciones son claramente divisivas y atentan contra la convivencia en una sociedad diversa.
  • La lucha de las mujeres por la igualdad y el feminismo se considera una amenaza al “orden natural”, que es para ellos el orden de los privilegios masculinos y de la misoginia, al igual que los derechos de la diversidad sexual y de género. Es decir, su modelo es la familia natalista y jerárquica. Niegan la existencia de la violencia de género, la minimizan considerándola únicamente “intrafamiliar” o, sencillamente, la equiparan a la violencia contra los hombres. Pretender hacer tambalear algunos derechos ya conquistados.
  • El miedo a la invasión de la inmigración y su equiparación a criminalidad es uno de los ejes principales como generadores de odio en la población. Todo bajo la terrible teoría del “gran reemplazo” de la población originalmente autóctona por los inmigrantes. Algunas voces de la derecha extrema y de la extrema derecha, plantean, incluso, el uso del ejército para frenar la inmigración. Su locura militarista no tiene límites (Trump y otros autócratas son su modelo), tanto contra la inmigración como en el rearme militar.
  • Promueve el odio como hábito político (Peñamarín). Desde las ideas neoliberales consideran la justicia social y las ideas de izquierda como tiránicas, , opuestas al “orden natural” e, incluso, se considera a la izquierda como peligrosa para la humanidad e “inhumana” (Ayuso). La reiteración de insultos y vejaciones buscan la deshumanización de las personas, que como son representantes de un régimen tiránico y dictatorial se merecen todo tipo de ataques (a sedes de partidos y organizaciones progresistas, a periodistas, a menores inmigrantes…). No hay debate democrático, sino diversos tipos de violencia.
  • El culto a la acción por la acción –“la vida se vive para la lucha”-, que dicta que la acción tiene valor en sí misma y debe emprenderse sin reflexión intelectual. Esto, dice Umberto Eco, está relacionado con el antiintelectualismo y el irracionalismo, y a menudo se manifiesta en ataques a la cultura y la ciencia modernas. Todo el mundo es educado para convertirse en héroe y ese papel lo cumplen los “escuadristas” de diverso tipo (grupos como Desocupa y otros).

Hay un debate en torno a la comparación de la extrema derecha actual y la situación en época de la república de Weimar, previa al nazismo en Alemania o el fascismo de Mussolini. La comparación entre esas épocas y el neofascismo actual no debe considerarse como una predicción de que la historia se repetirá exactamente. Más bien, es un recordatorio de que ciertas condiciones crean un caldo de cultivo para movimientos que prometen soluciones simples a problemas complejos, alejados de los principios democráticos. La historia del nazismo y del fascismo italiano nos enseñan a estar vigilantes ante las señales de advertencia, incluso si se presentan en un envoltorio diferente, de un plan de destrucción del estado de derecho y de la institucionalidad democrática. Son procesos ya iniciados, en diverso grado en algunos países europeos y muy especialmente en grandes como Rusia, EEUU, China y varios más.

Las fuerzas progresistas deben enfrentar con firmeza esos avances neofascistas reforzando la democracia y los derechos sociales, políticos y de género de la inmensa mayoría de la ciudadanía.

Una respuesta justa y humanitaria para las personas que pernoctan en Barajas

En los últimos meses venimos asistiendo al progresivo deterioro y abandono de la situación de las personas en situación de sinhogarismo que pernoctan en las instalaciones del aeropuerto Adolfo Suárez Madrid Barajas.

Los datos, propios y ajenos, coinciden en que en torno a 400 personas se encuentran varadas en dicho espacio, víctimas de un limbo legal y competencial que no aclara quiénes son los responsables de la atención social a todas estas personas que han acabado en el aeropuerto después de múltiples recorridos vitales, con un punto común: un sistema social y económico que expulsa y margina a un cada vez mayor número de sus participantes.

Vemos además con preocupación cómo se viene transmitiendo una imagen caótica de la situación en el aeropuerto, alimentada por determinados discursos mediáticos plagados de prejuicios, malentendidos y altas dosis de aporofobia y desinformación. Creemos que la puesta en marcha de estos discursos tiene una intencionalidad clara, en busca de un desalojo masivo y sin alternativas para las personas que allí sobreviven.

Desde las entidades firmantes no podemos negar que la presencia de un número ciertamente elevado de personas en esta situación genera problemas y conflictos de convivencia. Principalmente para las personas que se ven obligadas a vivir en circunstancias y de formas que ninguno de nosotros aceptaríamos como dignas. Una situación que debe resolverse cuanto antes y de la mejor manera posible.

Por ello desde las entidades firmantes exigimos soluciones justas y humanitarias para todas las personas afectadas por la situación que se está viviendo en las instalaciones del aeropuerto, apoyándose en los principios expresados en la Carta Social Europea, ratificada por España en junio de 2021 y en consonancia con las políticas comprometidas en la Estrategia Nacional de Lucha contra el Sinhogarismo en la que se enuncian los marcos de cooperación y el reparto competencial para la atención a personas en situación de sinhogarismo y las vías prioritarias de actuación.

Entre otras actuaciones urgentes se debería poner en marcha una mesa de coordinación entre las tres administraciones implicadas (Estado, Comunidad de Madrid y Ayuntamiento de Madrid) además de los ayuntamientos de Alcobendas, San Sebastián de los Reyes y Paracuellos del Jarama, donde se acuerde de manera inmediata y urgente la puesta en marcha de recursos suficientes para el realojo y el inicio de procesos de mejora personal e inclusión social de todas las personas afectadas por la situación de exclusión social extrema, que sobreviven en las instalaciones.

Nadie vive en el aeropuerto porque quiere, porque le resulte cómodo o porque entre dentro de sus planes vitales. Las personas que allí viven y duermen lo hacen porque no les queda más remedio, porque no tienen mejor alternativa. Porque ante la crisis residencial actual y ante la insuficiencia de las políticas públicas de protección social, vivir en la calle o en alojamientos de fortuna es una consecuencia cada vez más habitual.

Desde las entidades firmantes ofrecemos para ello nuestras capacidades, medios y voluntarios para realizar las necesarias tareas de mediación y acercamiento entre los diversos colectivos de personas afectadas por la situación. Desde las personas que allí viven, hasta las personas trabajadoras que cada día ven con desazón cómo se enquista una situación por nadie deseada.


Acción en Red, Fundación Acogida, Acrescere, Asociación pasión por el hombre – Bocatas, Asociación Bokatas, Comunidad de Sant’Egidio, Dragones de Lavapiés, EAPN España, Granito a Granito, Hogar Mambré, Parroquia Jesús y María, Asociación Los Chicos de Jose y Leo, Plaza Solidaria, Asociación Realidades, Asociación San Ricardo Pampuri, Proyecto Séforis, Solidarios para el desarrollo, Asociación Zaqueo