Por Francisco Castejón
1. Introducción
“Quien a los 20 años no ha sido comunista es que no tiene corazón, quien a los 30 años lo sigue siendo, no tiene cerebro”. Esta frase se le atribuye a Winston Churchill y recoge un lugar común sobre las posiciones políticas de las personas jóvenes, que se supone se sitúan en posiciones izquierdistas y que, según van cumpliendo años, se van moviendo hacia posiciones más conservadoras.
No es que me guste citar a Churchill, pero este, como muchos lugares comunes, puede responder a una realidad que se da en un espacio y un tiempo determinados. En la España gobernada por Rajoy, envuelta en una corrupción gubernamental insoportable y que sufría una dura crisis económica causada por la falta de control político del mundo financiero, una parte muy importante de la juventud estaba sumamente descontenta y se colocó en posiciones de izquierda. No solo eso, decidió también pasar a la acción y ocupar las plazas tras la represión que se produjo contra una manifestación el 15 de mayo de 2011. Fue el llamado 15M que, con su transversalidad en recoger las inquietudes de la gente, contaba con la simpatía mayoritaria de la población. Fueron fundamentales la reacción contra la corrupción y contra el sistema que había generado la crisis económica, que ensombrecía el futuro de estas jóvenes generaciones, y la necesidad de regenerar nuestra democracia.
Este ambiente de descontento social fue perfectamente leído por un grupo de profesores universitarios que fundaron Podemos y le dieron una gran sacudida a la política española.
Paralelamente, y en parte alimentado por todo esto, el feminismo experimentó un gran desarrollo y las mujeres jóvenes pasaron a ser protagonistas de los cambios sociales que se estaban dando, con importante participación de los varones.
La influencia de estas ideas, junto con la extensión de los valores postmaterialistas configuraron una juventud mayoritariamente progresista e igualitaria que, además, era muy tolerante y libertaria con las formas de vida no normativas (por ejemplo, con las posiciones lgtbiq+).
Hoy en día, sin embargo, estamos asistiendo a un cambio en la juventud, especialmente de los varones, hacia posiciones más derechistas e incluso ultraderechistas. Existen numerosos estudios sociológicos que así lo demuestran[1]. Los valores del 15M están cada vez más diluidos.
[1] Véase por ejemplo el trabajo de Rubén Díez García: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=10271942
2. La ola reaccionaria
No es solo entre la gente más joven, sino que también las posiciones derechistas y ultraderechistas ganan terreno entre los adultos. Estamos sufriendo una ola reaccionaria en muchos países del mundo que encumbra a posiciones e ideas ultraderechistas y les otorga posiciones de poder político. De todos los gobiernos de ultraderecha que han aparecido, el que más impacto tiene en todo el mundo es, sin duda, el de Donald Trump. En un año ha sido capaz de cambiar la geopolítica de forma radical. Y además, irradia su ideología a todo el mundo mediante medios diversos, entre los que destacan las redes sociales.
Estos gobiernos no son deleznables solo por las políticas autoritarias y de extrema derecha que ponen en práctica, lo son por el movimiento cultural y los cambios en los valores sociales que impulsan. Se caracteriza por un pensamiento simplón, sin matices, por el desprecio al conocimiento científico cuando este no interesa a sus fines (claros ejemplos son la negación del cambio climático y la posición antivacunas), la deformación de la realidad por poderosas maquinarias de propaganda y comunicación, especialmente por el uso de las redes sociales.
La extensión de bulos y noticias falsas es una práctica habitual que origina corrientes de pensamiento peregrinas y acaba con el pensamiento crítico. De esta manera construyen posiciones racistas contrarias a la inmigración o posiciones machistas que niegan la violencia contra las mujeres. Un problema grave del avance de la extrema derecha es la normalización de algunos de sus discursos, que hace 20 años serían inaceptables. Además, provocan el movimiento de los partidos de derecha otrora civilizada hacia esas posiciones, con la intención de ganar espacio social y político en ese campo. El resultado es la extensión de ideas autoritarias y de lo que podríamos llamar trumpismo a partidos que antes no se situaban en esta órbita.
Lo que ocurre en nuestro país es un ejemplo claro de esto: el PP se ha movido hacia los postulados de VOX sin complejo alguno. Pacta con este partido y las declaraciones de dirigentes tales como Ayuso, Téllez o el propio Feijóo compiten en dureza con las de VOX.
No obstante, sí merece la pena examinar de donde procede el descontento social que lleva al avance de estas ideas. Existen una serie de problemas tales como el difícil acceso a la vivienda o los bajos sueldos que no son capaces de garantizar una vida digna, que crean bolsas de descontentos dispuestos a optar por esas posiciones políticas rupturistas, sin medir las consecuencias.
3. Del 15M a votar a VOX
La juventud ha sido influida poderosamente por esta ola reaccionaria. Pasamos de una idiosincrasia progresista, que alumbró el 15M, a unas posiciones reaccionarias y de extrema derecha.
Podemos ver, por ejemplo, cómo se acepta una visión falsa de lo que fue el franquismo, a pesar de las múltiples evidencias que desmienten las bondades de dicho régimen. Pero al igual que se niega el cambio climático o la violencia de género, se niegan las acciones de un régimen dictatorial y asesino. Las evidencias se desprecian frente a los prejuicios y clichés difundidos por esos corifeos del movimiento reaccionario que sufrimos.
Este posicionamiento acrítico se favorece por la avalancha de informaciones falsas o sesgadas que aparecen en las redes sociales y numerosos medios de comunicación. La influencia perniciosa de las redes entre los más jóvenes españoles (especialmente en los menores de 16 años) empieza a ser alarmante. Basta un dato como indicador: en Europa el índice de adicción a las redes es del 11,7 %, mientras que en España esta cifra asciende al 21%. Para darse cuenta de la importancia de este canal de influencia sobre la juventud, basta ver el enfado de los dueños de las redes con Pedro Sánchez, que han cargado furiosamente contra él, por anunciar la prohibición del acceso a las redes de los menores de 16 años.
Junto a este posicionamiento acrítico generado artificialmente, tenemos que tener en cuenta la situación económica que dificulta el futuro de los y las jóvenes. Los bajos salarios y la precariedad laboral, junto con la escasez y carestía de la vivienda, limitan seriamente las posibilidades de emancipación y de hacer proyectos de vida. En el caso de los chicos, se suma además la sensación de perder privilegios frente a las chicas que alcanzan mayores cotas de igualdad y aumentan su protagonismo social.
El resultado de esta situación económica precaria sumado a la gran desinformación que nos rodea, impulsada con toda intención desde los sectores más reaccionarios, son, sin duda, factores clave para entender esta reacción de la juventud. Si a uno le impiden jugar, siempre tendrá la tentación de darle una patada al tablero. Se supone que la rebelión forma parte de la idiosincrasia juvenil.
Pero cabe preguntarse porqué se opta por una rebelión de derechas en lugar de por una rebelión de izquierdas. La búsqueda de soluciones a este problema precisa de un buen diagnóstico. En mi opinión, la distancia entre las necesidades y las políticas que se realizan es una de las claves. Pero esto no se podría entender sin el impulso cultural de la derecha y la extrema derecha. Durante muchos años ha avanzado el neoliberalismo y sus valores individualistas y se ha extendido la idea de que el éxito y el fracaso son responsabilidades personales. Están puestas las bases para esta nueva época que vivimos que se caracteriza por esa ola reaccionaria descrita, diferente de los presupuestos neoliberales.
En nuestro país, el porcentaje total de hombres que muestran su intención de votar a VOX ha subido del 15% en 2023 al 21% en 2025, mientras que en las mujeres ha pasado del 10% al 13%, según una encuesta de 40dB de septiembre de 2025[2]. Por edades estos porcentajes aumentan a 21% en 2023 y 39% en 2025 para los varones de entre 18 y 24 años, y 9% en 2023 y 20% en 2025 para las mujeres entre 18 y 24 años. Estos porcentajes son muy similares entre los jóvenes de entre 25 y 34 años. Este aumento de votos procede sobre todo del PP y, en mucha menor medida, del PSOE.
Para estos votantes, los tres principales problemas son la inmigración (47%), el gobierno y los políticos (47%) y la corrupción y el fraude (19%). Y VOX ha crecido especialmente entre estudiantes y trabajadores.
Las posiciones pro-franquistas o pro-Trump, pro-autoritarias en suma, son especialmente dolorosas porque implican un olvido del enorme sufrimiento que tales políticas han provocado a la humanidad, con millones de muertos en sangrientas guerras y dictaduras durante el siglo XX.
[2] https://elpais.com/espana/2025-09-14/quienes-son-los-nuevos-votantes-de-vox-datos-por-edad-sexo-y-clase-social.html
4. Lo que podemos hacer
No es fácil triunfar contra esta amenaza, pero aquí van algunas ideas. Ante esta realidad es imprescindible impulsar políticas progresistas que acaben con la desigualdad y permitan a la juventud construirse un futuro. Pero me temo que esto no baste, aunque esto es imprescindible y, además, éticamente necesario.
La cosa se complica cunado la realidad y los datos no son suficientes para convencer al adversario político. Esa famosa frase de “Dato mata relato” nunca ha sido más falsa, desgraciadamente. Las ideas preconcebidas triunfan sobre las evidencias cinetíficas. Además de hacer políticas progresistas debemos inmiscuirnos en las batallas culturales, eso sí, apoyadas en datos y en el rigor.
Tenemos algunos ejemplos recientes que podrían ilustrarnos. El caso Mandani en Nueva York puede ser un referente. Es verdad que Nueva York es un lugar muy especial, no común en EEUU, pero también es que la figura de Mandani partía a priori con grandes desventajas: es musulmán y se define como socialista ¡en el corazón del capitalismo mundial! Sin embargo, su campaña osada que atacó los principales problemas de la población y su confrontación cultural con Trump le dieron excelentes resultados.
La izquierda progresista debería ir más allá de la resistencia y demostrar entusiasmo y osadía. La osadía para realizar políticas que permitan atajar las preocupaciones sociales: el problema de la vivienda y el problema de las desigualdades. Además, hay que tratar el problema de la despoblación y de la desatención del medio rural, cuyo descontento lo convierte en fácil presa de VOX.
La política debe recuperar el prestigio y no debe fallar. La confrontación política sucia, mediante el insulto, es un medio en que la ultraderecha y el PP se mueven de maravilla. Esto merma la confianza en la política y acaba beneficiando a VOX y perjudicando a la izquierda política, pero también al propio PP.
La izquierda no debería dejar el campo de la seguridad a la derecha. Todos ansiamos tener seguridad en nuestras vidas y la izquierda tiene medios propios para proporcionarla, sin tener que echar mano de políticas autoritarias o militaristas.
A la vista de las encuestas, la inmigración debe ser un tema central. Hay que tratar la inmigración con la complejidad que conlleva, pues puede generar conflictos. Y es acertado hablar de las ventajas económicas y sociales que tiene para nuestro país, pero también es necesario hablar de justicia, igualdad y derechos humanos.



