Juventud y ultraderecha

Por Francisco Castejón


1. Introducción

“Quien a los 20 años no ha sido comunista es que no tiene corazón, quien a los 30 años lo sigue siendo, no tiene cerebro”. Esta frase se le atribuye a Winston Churchill y recoge un lugar común sobre las posiciones políticas de las personas jóvenes, que se supone se sitúan en posiciones izquierdistas y que, según van cumpliendo años, se van moviendo hacia posiciones más conservadoras.

No es que me guste citar a Churchill, pero este, como muchos lugares comunes, puede responder a una realidad que se da en un espacio y un tiempo determinados. En la España gobernada por Rajoy, envuelta en una corrupción gubernamental insoportable y que sufría una dura crisis económica causada por la falta de control político del mundo financiero, una parte muy importante de la juventud estaba sumamente descontenta y se colocó en posiciones de izquierda. No solo eso, decidió también pasar a la acción y ocupar las plazas tras la represión que se produjo contra una manifestación el 15 de mayo de 2011. Fue el llamado 15M que, con su transversalidad en recoger las inquietudes de la gente, contaba con la simpatía mayoritaria de la población. Fueron fundamentales la reacción contra la corrupción y contra el sistema que había generado la crisis económica, que ensombrecía el futuro de estas jóvenes generaciones, y la necesidad de regenerar nuestra democracia.

Este ambiente de descontento social fue perfectamente leído por un grupo de profesores universitarios que fundaron Podemos y le dieron una gran sacudida a la política española.

Paralelamente, y en parte alimentado por todo esto, el feminismo experimentó un gran desarrollo y las mujeres jóvenes pasaron a ser protagonistas de los cambios sociales que se estaban dando, con importante participación de los varones.

La influencia de estas ideas, junto con la extensión de los valores postmaterialistas configuraron una juventud mayoritariamente progresista e igualitaria que, además, era muy tolerante y libertaria con las formas de vida no normativas (por ejemplo, con las posiciones lgtbiq+).

Hoy en día, sin embargo, estamos asistiendo a un cambio en la juventud, especialmente de los varones, hacia posiciones más derechistas e incluso ultraderechistas. Existen numerosos estudios sociológicos que así lo demuestran[1]. Los valores del 15M están cada vez más diluidos.

[1] Véase por ejemplo el trabajo de Rubén Díez García: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=10271942

2. La ola reaccionaria

No es solo entre la gente más joven, sino que también las posiciones derechistas y ultraderechistas ganan terreno entre los adultos. Estamos sufriendo una ola reaccionaria en muchos países del mundo que encumbra a posiciones e ideas ultraderechistas y les otorga posiciones de poder político. De todos los gobiernos de ultraderecha que han aparecido, el que más impacto tiene en todo el mundo es, sin duda, el de Donald Trump. En un año ha sido capaz de cambiar la geopolítica de forma radical. Y además, irradia su ideología a todo el mundo mediante medios diversos, entre los que destacan las redes sociales.

Estos gobiernos no son deleznables solo por las políticas autoritarias y de extrema derecha que ponen en práctica, lo son por el movimiento cultural y los cambios en los valores sociales que impulsan. Se caracteriza por un pensamiento simplón, sin matices, por el desprecio al conocimiento científico cuando este no interesa a sus fines (claros ejemplos son la negación del cambio climático y la posición antivacunas), la deformación de la realidad por poderosas maquinarias de propaganda y comunicación, especialmente por el uso de las redes sociales.

La extensión de bulos y noticias falsas es una práctica habitual que origina corrientes de pensamiento peregrinas y acaba con el pensamiento crítico. De esta manera construyen posiciones racistas contrarias a la inmigración o posiciones machistas que niegan la violencia contra las mujeres. Un problema grave del avance de la extrema derecha es la normalización de algunos de sus discursos, que hace 20 años serían inaceptables. Además, provocan el movimiento de los partidos de derecha otrora civilizada hacia esas posiciones, con la intención de ganar espacio social y político en ese campo. El resultado es la extensión de ideas autoritarias y de lo que podríamos llamar trumpismo a partidos que antes no se situaban en esta órbita.

Lo que ocurre en nuestro país es un ejemplo claro de esto: el PP se ha movido hacia los postulados de VOX sin complejo alguno. Pacta con este partido y las declaraciones de dirigentes tales como Ayuso, Téllez o el propio Feijóo compiten en dureza con las de VOX.

No obstante, sí merece la pena examinar de donde procede el descontento social que lleva al avance de estas ideas. Existen una serie de problemas tales como el difícil acceso a la vivienda o los bajos sueldos que no son capaces de garantizar una vida digna, que crean bolsas de descontentos dispuestos a optar por esas posiciones políticas rupturistas, sin medir las consecuencias.

3. Del 15M a votar a VOX

La juventud ha sido influida poderosamente por esta ola reaccionaria. Pasamos de una idiosincrasia progresista, que alumbró el 15M, a unas posiciones reaccionarias y de extrema derecha.

Podemos ver, por ejemplo, cómo se acepta una visión falsa de lo que fue el franquismo, a pesar de las múltiples evidencias que desmienten las bondades de dicho régimen. Pero al igual que se niega el cambio climático o la violencia de género, se niegan las acciones de un régimen dictatorial y asesino. Las evidencias se desprecian frente a los prejuicios y clichés difundidos por esos corifeos del movimiento reaccionario que sufrimos.

Este posicionamiento acrítico se favorece por la avalancha de informaciones falsas o sesgadas que aparecen en las redes sociales y numerosos medios de comunicación. La influencia perniciosa de las redes entre los más jóvenes españoles (especialmente en los menores de 16 años) empieza a ser alarmante. Basta un dato como indicador: en Europa el índice de adicción a las redes es del 11,7 %, mientras que en España esta cifra asciende al 21%. Para darse cuenta de la importancia de este canal de influencia sobre la juventud, basta ver el enfado de los dueños de las redes con Pedro Sánchez, que han cargado furiosamente contra él, por anunciar la prohibición del acceso a las redes de los menores de 16 años.

Junto a este posicionamiento acrítico generado artificialmente, tenemos que tener en cuenta la situación económica que dificulta el futuro de los y las jóvenes. Los bajos salarios y la precariedad laboral, junto con la escasez y carestía de la vivienda, limitan seriamente las posibilidades de emancipación y de hacer proyectos de vida. En el caso de los chicos, se suma además la sensación de perder privilegios frente a las chicas que alcanzan mayores cotas de igualdad y aumentan su protagonismo social.

El resultado de esta situación económica precaria sumado a la gran desinformación que nos rodea, impulsada con toda intención desde los sectores más reaccionarios, son, sin duda, factores clave para entender esta reacción de la juventud. Si a uno le impiden jugar, siempre tendrá la tentación de darle una patada al tablero. Se supone que la rebelión forma parte de la idiosincrasia juvenil.

Pero cabe preguntarse porqué se opta por una rebelión de derechas en lugar de por una rebelión de izquierdas. La búsqueda de soluciones a este problema precisa de un buen diagnóstico. En mi opinión, la distancia entre las necesidades y las políticas que se realizan es una de las claves. Pero esto no se podría entender sin el impulso cultural de la derecha y la extrema derecha. Durante muchos años ha avanzado el neoliberalismo y sus valores individualistas y se ha extendido la idea de que el éxito y el fracaso son responsabilidades personales. Están puestas las bases para esta nueva época que vivimos que se caracteriza por esa ola reaccionaria descrita, diferente de los presupuestos neoliberales.

En nuestro país, el porcentaje total de hombres que muestran su intención de votar a VOX ha subido del 15% en 2023 al 21% en 2025, mientras que en las mujeres ha pasado del 10% al 13%, según una encuesta de 40dB de septiembre de 2025[2]. Por edades estos porcentajes aumentan a 21% en 2023 y 39% en 2025 para los varones de entre 18 y 24 años, y 9% en 2023 y 20% en 2025 para las mujeres entre 18 y 24 años. Estos porcentajes son muy similares entre los jóvenes de entre 25 y 34 años. Este aumento de votos procede sobre todo del PP y, en mucha menor medida, del PSOE.

Para estos votantes, los tres principales problemas son la inmigración (47%), el gobierno y los políticos (47%) y la corrupción y el fraude (19%). Y VOX ha crecido especialmente entre estudiantes y trabajadores.

Las posiciones pro-franquistas o pro-Trump, pro-autoritarias en suma, son especialmente dolorosas porque implican un olvido del enorme sufrimiento que tales políticas han provocado a la humanidad, con millones de muertos en sangrientas guerras y dictaduras durante el siglo XX.

[2] https://elpais.com/espana/2025-09-14/quienes-son-los-nuevos-votantes-de-vox-datos-por-edad-sexo-y-clase-social.html

4. Lo que podemos hacer

No es fácil triunfar contra esta amenaza, pero aquí van algunas ideas. Ante esta realidad es imprescindible impulsar políticas progresistas que acaben con la desigualdad y permitan a la juventud construirse un futuro. Pero me temo que esto no baste, aunque esto es imprescindible y, además, éticamente necesario.

La cosa se complica cunado la realidad y los datos no son suficientes para convencer al adversario político. Esa famosa frase de “Dato mata relato” nunca ha sido más falsa, desgraciadamente. Las ideas preconcebidas triunfan sobre las evidencias cinetíficas. Además de hacer políticas progresistas debemos inmiscuirnos en las batallas culturales, eso sí, apoyadas en datos y en el rigor.

Tenemos algunos ejemplos recientes que podrían ilustrarnos. El caso Mandani en Nueva York puede ser un referente. Es verdad que Nueva York es un lugar muy especial, no común en EEUU, pero también es que la figura de Mandani partía a priori con grandes desventajas: es musulmán y se define como socialista ¡en el corazón del capitalismo mundial! Sin embargo, su campaña osada que atacó los principales problemas de la población y su confrontación cultural con Trump le dieron excelentes resultados.

La izquierda progresista debería ir más allá de la resistencia y demostrar entusiasmo y osadía. La osadía para realizar políticas que permitan atajar las preocupaciones sociales: el problema de la vivienda y el problema de las desigualdades. Además, hay que tratar el problema de la despoblación y de la desatención del medio rural, cuyo descontento lo convierte en fácil presa de VOX.

La política debe recuperar el prestigio y no debe fallar. La confrontación política sucia, mediante el insulto, es un medio en que la ultraderecha y el PP se mueven de maravilla. Esto merma la confianza en la política y acaba beneficiando a VOX y perjudicando a la izquierda política, pero también al propio PP.

La izquierda no debería dejar el campo de la seguridad a la derecha. Todos ansiamos tener seguridad en nuestras vidas y la izquierda tiene medios propios para proporcionarla, sin tener que echar mano de políticas autoritarias o militaristas.

A la vista de las encuestas, la inmigración debe ser un tema central. Hay que tratar la inmigración con la complejidad que conlleva, pues puede generar conflictos. Y es acertado hablar de las ventajas económicas y sociales que tiene para nuestro país, pero también es necesario hablar de justicia, igualdad y derechos humanos.

COP30: Otro intento fracasado

Por Francisco Castejón


Los prolegómenos

Adaptación, mitigación, prevención son palabras que suenan muy a menudo en la actualidad referidas al cambio climático, lo que viene a mostrar que la especie humana no está haciendo lo suficiente en la lucha contra el calentamiento global y no consigue vivir en el planeta sin perturbarlo seriamente. Ya se admite que vamos a sufrir cierto aumento de temperaturas y se habla de adaptarnos al nuevo clima en el que viviremos, de mitigar ese cambio climático en la medida de lo posible y de prevenir los efectos más negativos.

Los antiguos debates sobre si se está produciendo o no un cambio climático y si este es o no de origen antropogénico están ya clarificados: sí y sí. Estamos viviendo un cambio climático provocado, sobre todo, por la quema de combustibles fósiles. El avance de la ciencia ha sido lento, por la dificultad del desafío, pero también porque ha tenido que luchar contra enormes intereses de agentes muy poderosos que han hecho todo lo posible por entorpecer esos avances. Se llegó hasta el caso de que las grandes corporaciones petroleras pagaran a científicos para embarrar el debate y que hubiera así “visiones diferentes” y “opiniones diversas” en el mundo académico sobre el calentamiento global. Hoy no solo se conoce ese juego sucio, sino que también sabemos mucho de la dinámica del clima y los modelos climáticos permiten conocer con bastante exactitud lo que ocurrirá si no dejamos de emitir gases de efecto invernadero a la atmósfera.

Pero no son necesarios los complejos modelos climáticos para ser conscientes de lo que está ocurriendo. Existen numerosas evidencias experimentales: por ejemplo, según los informes del IPCC, 2023, 2024 y 2025 son los años más calientes desde que se miden las temperaturas. En 2023 se superó en varias ocasiones el aumento de 1,5º que se había fijado como límite en la Cumbre de París de 2015 para 2100. Dicho límite es precautorio y se fijó en 2º el aumento máximo de temperatura a partir del cual se van a disparar fenómenos catastróficos irreversibles.

A nivel local, y dando la razón a los modelos climáticos que predicen efectos más intensos en la cuenca mediterránea, hemos experimentado eventos atmosféricos dramáticos, como la DANA del 29 de octubre de 2024 en Valencia, que han generado cientos de víctimas y obligan a replantear el urbanismo y tener finalmente en cuenta la no construcción en zonas inundables, cosa que, por otra parte, deberíamos haber hecho antes. También son un ejemplo dramático los incendios del verano de 2025 en nuestro país.

Las responsabilidades de este aumento de temperaturas corresponden a las personas más ricas del mundo y los efectos negativos los sufren las más pobres. Por países, China se ha situado como el principal emisor de GEI (gases de efecto invernadero) con un 29% de todas las emisiones, modificando radicalmente el panorama de las últimas décadas, seguida de EEUU con un 11%, de India con un 8%, de la UE, que es responsable del 5,95% y de Rusia con un 4,58%. Entre estos países suman casi el 60% de las emisiones con el 46% de la población. Si quitamos a India, tenemos el 51% de las emisiones a cargo del 28% de la población mundial, lo que es manifiestamente injusto. Y la justicia aún es mayor cuando vemos la desigualdad de emisiones entre las diferentes capas sociales dentro de cada país. Pero ese lamentable ranking muestra mejor las responsabilidades si consideramos las emisiones por habitante: si un habitante indio emite 1, un europeo emite 2,4, un chino 3,7, un estadounidense 5 y un ruso 5,1.

Los debates actuales son más perversos aún que los sostenidos en la antesala de previas COPs. Ya no valen las evidencias científicas puestas sobre la mesa pues el negacionismo climático que se está extendiendo cabalgando sobre la ola reaccionaria mundial es también un negacionismo científico. Una parte importante de las élites y de la población no reconoce la ciencia como una fuente de información fiable. Y esto sucede en este como en otros temas.

Desde el “drill, baby drill” de Donal Trump al “eso son estupideces” de Vox pasando por la calificación de econazismo al movimiento que lucha contra el cambio climático y al que, paradójicamente, los líderes del PP culparon de los incendios forestales del verano, son algunos ejemplos. Pero una mayor paradoja es como el pacto PP-Vox que nace de la dimisión de Carlos Mazón por la lamentable gestión de la DANA va a luchar contra el pacto verde, un intento de limitar las emisiones de GEI. Fiel a estas posiciones, Donal Trump sacó a EEUU del acuerdo de París.

De hecho, en EEUU las palabras “cambio climático” han desaparecido de todos los documentos oficiales. Y Donald Trump, al igual que Xi Jinping, Vladimir Putin y la presidenta india Draupadi Murmu no han participado en la COP. Más aún, el gobierno de EEUU no ha enviado a nadie, aunque han acudido a la cumbre algunos alcaldes y gobernadores demócratas. Pero estos no tienen autoridad para firmar ningún acuerdo internacional. La UE, a pesar de contar con un gobierno de derechas, ha enviado a altos representantes: la presidenta de la Comisión y el presidente del Consejo. Además de algunos mandatarios como Pedro Sánchez o Enmanuel Macrón. Pero la UE tampoco cuenta con un consenso interno lo suficientemente sólido y los acuerdos en su seno alcanzadas adolecen de algunas debilidades como la posibilidad de compensar emisiones de GEI, lo que no obliga a reducir estas emisiones.

Lo cierto es que sin el compromiso de los principales emisores, es difícil esperar buenas noticias. Todo este panorama no resulta prometedor.  Antonio Guterres, Secretario General de la ONU, calificó de “fracaso moral y negligencia mortal” la incapacidad para acabar con esta amenaza.

El resultado de la COP30

El resultado final es decepcionante, como no podía ser de otra manera en concordancia la situación descrita. El acuerdo final no contempla, en contra de las propuestas iniciales, una hoja de ruta para el abandono de la quema de combustibles fósiles, lo que sería prioritario para luchar contra el cambio climático. De hecho, ni siquiera aparecen las palabras “combustibles fósiles” ni ninguno de sus sinónimos en el acuerdo. Sí que se acordó una serie de indicadores para medir los esfuerzos de adaptación al cambio climático, lo que al menos facilita el seguimiento de los impactos de este y de la eficacia de las políticas de reducción de emisiones que se realicen en el mundo. Pero hemos visto que en otras cumbres la discusión se centraba más en esas políticas, es decir, en las medidas que se iban a tomar para reducir la dependencia de combustibles fósiles y en la fecha en que estos se iban a abandonar definitivamente.

A pesar de no citar la causa principal del cambio climático, el acuerdo sí que lo reconoce como “una preocupación común para la humanidad” y se reafirma en el compromiso de los países firmantes del Acuerdo de París según el cual la temperatura no debe aumentar más de 1,5º en 2100.  Cabe preguntarse, sin embargo, como se pretende conseguir este objetivo, si no eliminamos o, al menos, reducimos, nuestra dependencia de los combustibles fósiles.

En el capítulo de la financiación, se mantiene el acuerdo alcanzado en la COP29 según el cual se “urge” a los países firmantes a triplicar la financiación y alcanzar los 300.000 millones de dólares para la adaptación al cambio climático. Sí, así de etéreo. También se establecen mecanismos de transición justa que tengan en cuenta las necesidades de los trabajadores afectados por la transición energética.

Ante la insuficiencia de lo acordado y viendo que no se mencionaban los combustibles fósiles, más de 20 países, casi todos con gobiernos de izquierda como Chile, España, Colombia o México, se han comprometido a adoptar políticas para abandonar los combustibles fósiles. Este grupo de países celebrará una cumbre en Colombia para avanzar en estos compromisos. De nuevo el mundo se divide y la lucha contra el cambio climático se produce a dos velocidades. Los países que avancen en las medidas y desarrollos técnicos que faciliten la transición energética se colocarán en una posición ventajosa también desde el punto de vista económico. Y en este mundo donde el beneficio es uno de los motores, esto podría permitir avanzar en ese sentido. El hecho de que más del 90% de la potencia eléctrica instalada en el mundo en 2024 sea renovable es un indicador de que las ventajas de las energías renovables, de las nuevas tecnologías asociadas y de los nuevos modelos sociales que posibilitan, generan un crecimiento de estas tecnologías en el mundo. A pesar de los mensajes de Donald Trump, las renovables son también la principal potencia instalada en EEUU durante el primer semestre de este año. Asimismo, España y Portugal disfrutan a menudo de unos de los precios de la electricidad más bajos de Europa gracias al despliegue de renovables. Claro que todos estos esfuerzos no son aún suficientes.

El resultado es que se ha producido una COP sin compromisos concretos de reducción de emisiones de GEI, y el tiempo va pasando y las posibilidades de mantener el aumento de temperaturas en unos valores razonables se van reduciendo. Cuanto más se tarde en tomar medidas efectivas para reducir las emisiones de GEI, más concentración de estos gases habrá en la atmósfera y más difícil será reducir el efecto invernadero.

La falta de políticas concretas y de calendarios de reducciones va acompañada del aumento de las posiciones negacionistas que se niegan a aceptar las evidencias científicas. Sin embargo, todo esto no debe inducirnos a la parálisis, sino al contrario. La defensa de un planeta en el que podamos vivir sin la amenaza climática, el impulso a movimientos sociales y políticos que vayan en esta dirección, debe ser uno de los objetivos de nuestras acciones. La existencia del cambio climático se ha convertido en una nueva batalla cultural, en la que debemos participar. Poner en valor las ventajas que tiene la reducción de emisiones es un instrumento de primer orden: respeto del medio ambiente, creación de comunidades energéticas, generación distribuida que permite explotaciones de menor tamaño,… No es la realización de una utopía social, pero es un avance respecto a lo que tenemos hoy.  


Este artículo se publicó en el número Berrituz de enero 2026

Las 5W de los conflictos olvidados

Por Carlos Tofiño


Se han cumplido ya dos años desde aquel 7 de octubre que hizo saltar, literalmente, todo por los aires en la Franja de Gaza. La brutalidad del asedio israelí y la retransmisión de un genocidio en directo han eclipsado la actualidad noticiosade cualquier otro conflicto en curso, incluida la guerra en Ucrania. Pero ambos conflictos no se iniciaron con el ataque deHamás en octubre de 2023 ni invasión rusa en febrero del 2022; sin embargo, los grandes medios de comunicaciónoccidentales ofrecían, de ambos contextos, un eco mediático reducido a informaciones esporádicas e intermitentes. Y aunque de forma paulatina estas dos guerras vuelvan a desvanecerse en las escaletas de los telediarios, todavía están lejos de caer en el saco roto de los conflictos olvidados. Será entonces precisamente ese olvido una de las principalescausas que alimenten su cronificación, como sucede con tantos otros conflictos que, tras el vacío informativo, esconden toda una red de perversos intereses alimentados por contiendas sin testigos, que condenan a poblaciones locales a un sufrimiento perpetuo y un futuro incierto.

La tradición periodística ha utilizado el paradigma de las 5 W para estructurar el relato informativo, es decir, responder al what, where, who, when and why (el qué, dónde, quién, cuándo, y por qué) para transmitir el mensaje noticioso. Porsu parte, las teorías de la agenda setting explican las razones por las que los medios de comunicación —en particular losgrandes medios de masas— jerarquizan unas noticias frene a otras. Mediante la reinterpretación e integración de ambosconceptos analizaremos en estas líneas por qué algunos conflictos, a pesar de generar muerte, destrucción y pobreza, dejan de ser noticia.

What?

Definir QUÉ es un conflicto responde a numerosos matices, es decir, se trata de un concepto que va más allá delenfrentamiento armado entre dos partes. El HIIK (Heidelberg Institute for International Conflict Research), un instituto independiente que investiga y analiza conflictos políticos internacionales adscrito al Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Heidelberg (Alemania), publica desde hace más de tres décadas el Barómetro de conflictos a nivelmundial. Este documento clasifica los conflictos en cinco categorías: “disputa; crisis no violenta; crisis violenta; guerra limitada y guerra”. El registro medio del último lustro supera los 300 conflictos por año, siendo más de 200 catalogados como conflictos violentos y con una media de más de 40 guerras abiertas en todo el mundo. Probablemente, cualquierciudadano medio que se informe a través de losprincipales canales españoles de prensa, radio o TV tendría dificultades para identificar más de 5 guerras en curso.

Pero, al margen de los conflictos categorizados como guerras, existen otros como los medioambientales, por la explotación de recursos naturales (Río Las Vacas, Guatemala) o la contaminación por vertidos tóxicos (los llamados pueblos del cáncer, China); los relacionados con el derecho a la tierra de los pueblos indígenas (Sengwer, Kenia; Adivasis, India); las crisis migratorias (Tapón de Darién, Centroamérica; cárceles ilegales en Libia); o la violencia estructural (mafias del narcotráfico, México; pandilleros, Haití). Todos ellos generan víctimas mediante disparos,destrucción y otras formas de violencia, que funcionan como moneda de cambio dentro de un ciclo viciado de intereses que ignoran a las poblaciones locales.

Where?

La cuestión del DÓNDE podría condicionar a la hora de informar sobre un conflicto, especialmente por el criterio de proximidad geográfica. Siendo así, desde las antenas informativas europeas, y particularmente la española, aquellos conflictos en territorio asiático nos pillarían lejanos desde una perspectiva territorial, cultural e incluso económica. Esto justificaría la escasez de información sobre guerras como la de Myanmar, muy a pesar de su impacto humanitario con más de 10.000 muertes, 3 millones de desplazados y una persecución étnica calificada de genocidio hacia el pueblo Rohingya. Por el contrario, la proximidad con el continente africano debería ocupar el principal foco de atención informativa internacional (al margen de la actualidad europea), pero no es el caso. Ni siquiera para los grandes mediostiene suficiente peso informativo que África sea el continente con mayor número de guerras en curso, sumando más del50% del total mundial.

El “dónde” nos revela, pues, que para la sección de internacional el criterio predominante gira en torno al estatocentrismo. Es decir, se da prioridad informativa a los espacios de relaciones políticas con grandes estados de influencia —los cuatro países europeos de siempre, Estados Unidos y China— y, por supuesto, con las organizaciones internacionales adscritas: UE, OTAN y, en menor medida, NNUU. Para el caso español, habría que añadir la atenciónhacia el otro lado del Atlántico por el vínculo histórico, cultural y económico con AméricaLatina, y en menor medida (y de forma desigual), la región de Oriente Próximo, cuya relativa cercanía geográfica con Europa es casi puracoincidencia. Con este mapeo geográfico de la atención mediática, resulta que los principales medios de comunicaciónespañoles ofrecen una escasa o nula cobertura informativa hacia el casi 75% del total de las guerras en el mundo: las que se libran en el África Subsahariana, Asia y Oceanía.

Y en esta (no) cobertura geográfica informativa de los conflictos, en nada ayuda la raquítica política de corresponsalíasde prensa que, desde la crisis del 2008, no levanta cabeza. Si tomamos África de nuevo como ejemplo geográficosignificativo por el número de guerras registradas, la realidad es una ausencia absoluta de corresponsales, a excepción de alguna esquina del continente como Rabat, Dakar o, si acaso, Johannesburgo o Nairobi. Tampoco proliferan los enviadosespeciales a las zonas de conflicto, recurriendo los grandes medios con demasiada frecuencia a la alternativa del “corta y pega” de noticias de agencia, lo que dificulta aportar valor mediante crónicas en origen con el contexto y rigor deseables.Menos aún colaboraciones con periodistas nacionales oriundos de los lugares en conflicto.

Who?

Este rigor y contexto también se nota al informar del QUIÉN. Los actores tradicionales de los conflictos armados son ejércitos regulares de países enfrentados por territorio, como el caso de Rusia y Ucrania. Pero la gran mayoría de lasguerras abiertas por el mundo son intraestatales, es decir, la batalla está dentro de los propios territorios nacionales. Poreso el “quién” de los conflictos olvidados es difícil de identificar, pues se extiende a otros grupos armados comoguerrillas, milicias, bandas paramilitares, narcotraficantes, yihad islámica, señores de la guerra, niños-soldado… Según Karlos Pérez Armiño, profesor de Ciencia Política especializado en Seguridad, Relaciones Internacionales y AyudaHumanitaria, estos grupos “tienen poco sentido de la disciplina y operan sin casi cadena de mando ni programa político”. A su vez, se añadirían los (nada nuevos) grupos mercenarios cuyo protagonismo mediático ha sido copado en la últimadécada por ejércitos rusos en los países del Sahel, Ucrania o en la guerra de Siria y que son herederos del modelo paramilitar israelí, británico o norteamericano como parte de la perversa externalización de las estrategias de política internacional que ejercen las grandes potencias.

¿Sabría entonces el lector, espectador u oyente identificar siglas como al-Shabaab, ASWJ, M23, TPLF, Boko Haram…? Aunque algún nombre pueda sonar familiar, sorprendería saber que refieren sólo a cinco de las 21 guerras que sedirimen en el continente africano. Pero no se trata sólo de identificar, sino de dar contexto. La drástica reducción de corresponsales y enviados especiales por los grandes medios de comunicación occidentales, a partir de la mencionada crisis económica del 2008, contribuyó al déficit en el relato periodístico. Esto limita la explicación, más allá de la superficialidad del conflicto, sobre las raíces históricas y conexiones sociales de los actores enfrentados. Conflictos, por cierto, hegemónicamente masculinos en cuanto a su liderazgo.

When?

La cronificación es una característica propia de los conflictos olvidados, lo que dificulta establecer el CUÁNDO o inicio de la contienda. En muchos casos, el inicio se remonta a procesos de descolonización incompletos o imperfectos (Sáhara Occidental o la disputa de Cachemira); a fenómenos político-religiosos (expansión del Estado Islámico o revueltas civiles como la Primavera Árabe) o a enfrentamientos étnicos y territoriales heredados de la fragmentación de antiguos estados plurinacionales (Sudán del Sur o los Balcanes).

Desde una perspectiva mediática occidental, la noticia salta habitualmente ante la violencia generada por un atentado, golpe de Estado o un recrudecimiento extremo del conflicto, como ha sucedido recientemente en Sudán. Sin embargo,éste ha sido un episodio más en una larga historia de país que ha vivido décadas de guerra. Así ocurrió también con el actual genocidio en Palestina: el continuo goteo de muertos semanales que se producía en Cisjordania y Gaza a manos del ejército israelí y sus colonos no suponía motivo de noticia hasta que, como apuntábamos al principio, el 7 de octubre hizo saltar todo por los aires.

En este sentido, habría que añadir a esas 5 W una pregunta más: el CUÁNTO. Es decir, ¿cuántas muertes o cuánta desolación se tiene que producir para que una guerra se convierta en noticiosa? Me atrevería a decir que, para losgrandes medios de comunicación occidentales, ese número es irrelevante o, por lo menos, así lo parece según losregistros de los tres conflictos armados con mayor número de víctimas mortales en lo que va de siglo XXI: Yemen (2014-2024), con 230.000 muertes, cinco millones de desplazados internos y el 80% de la población en situación de asistencia humanitaria; Tigray, Etiopía (2020-2022), las estimaciones superan el medio millón de muertos y dos millones de desplazados y Sudán (2023-…), con más de 150.000 muertes, 7,5 millones de desplazados internos, 3,5 millones de refugiados y el 50% de la población (24 millones) sufriendo escasez alimentaria.

Why?

El PORQUÉ de los conflictos olvidados respondería, pues, más a razones geoestratégicas y económicas que geográficas o humanitarias. Estas razones de corte político son también asumidas por los grandes medios de comunicación occidentales. Su cobertura periodística internacional reproduce las fichas de un sistema geopolítico que se debate entre la aspiración hegemónica y la realidad multipolar. Pero, en ocasiones, determinados conflictos sí consiguen, paradójicamente, una amplia cobertura que desharía las tesis anteriores.

El porqué en estos casos respondería a una razón más profunda: cómo la barbarie de la guerra es capaz de interpelar nuestros valores como sociedad, especialmente los valores fundamentales de la sociedad europea (tantas vecesdeshonrados); o, por el contrario, cómo de esa barbarie subyace un cuestionamiento frontal de nuestra identidad como sociedad, que provoca una contundente reacción mediática occidental como respuesta. El conflicto de Gaza sería unejemplo de ambas; aunque hay que reconocer que en otros, ni siquiera estas premisas fueron suficientes.

Cinco preguntas a través de las cinco W del periodismo que, sin ser concluyentes en sus respuestas, no pretenden tanto juzgar como analizar el ejercicio de comunicación de los grandes medios de noticias occidentales. Su gran paradoja es la limitación informativa, o al menos en lo que respecta al periodismo dedicado a los conflictos armados por el mundo. Elolvido aparece como un daño colateral de las guerras, pero es un olvido del que nosotros como lectores, oyentes o espectadores también deberíamos reflexionar. Así lo señalaba Max Fisher, reportero británico de The New York Times, a propósito de la publicación de diferentes crónicas sobre atentados terroristas y la predisposición registrada del lector occidental al visitar las publicaciones web según fuera el origen de las víctimas o el lugar del suceso: si las bombas y los muertos ocurren en Beirut, Bangkok, Bamako o Bagdad, impacta e interesa menos que si son en la sala Bataclan de París, la Rambla de Barcelona o la maratón de Boston.

El periodismo puede llegar a ser una desagradecida profesión si el receptor de noticias no se compromete en escarbarmás allá de los principales titulares en medios convencionales. Incluso en ellos, es posible encontrar interesantescrónicas y reportajes que nos sitúen en la realidad del mundo en el que vivimos. Pero también, y muy especialmente, son los medios no hegemónicos los que insisten en sacar del olvido a aquellos conflictos que no encuentran el eco mediático que merecen. Precisamente, buscan ejercer un periodismo en profundidad que visibiliza y contextualiza la barbarie comoherramienta que ayude al fin de las guerras. Como diría Fisher, superar la apatía y el desinterés de los lectores supondría una satisfacción para quienes se esfuerzan en poner el foco en los territorios y conflictos olvidados.

La extrema derecha, una amenaza para nuestras democracias

“El abrazo», de Juan Genovés, en homenaje a los abogados de Atocha
asesinados en enero de 1977 por pistoleros fascistas (Plaza Antón Martín, Madrid)

Los movimientos de extrema derecha y el neofascismo han crecido mucho en los distintos países y sociedades europeas. Se proponen la desestabilización del sistema democrático a través de una estrategia de “ultranacionalismo e identitarismo, soberanismo y crítica al multilateralismo, condena de la inmigración e islamofobia, la defensa de un Estado de bienestar chovinista que vale para los que son como yo y no para otros” (J. Amat).

Es, en definitiva, un ataque a los derechos sociales, políticos y a las libertades, y a la igualdad, sobre todo a la igualdad de género y los derechos LGTBIQ+, a la integración de las minorías y a la respuesta a la emergencia climática, así como a las políticas de transformación en todos esos ámbitos y, especialmente, en la configuración del actual Estado de derecho.

Podemos abordar esa estrategia, que se extiende más allá del Estado español, a través de algunos aspectos sustantivos (véase):

  • La extrema derecha ataca la institucionalidad democrática y su estrategia propone socavar la separación de poderes, silenciar a la oposición y fomentar los bulos y las mentiras usando una miríada de pseudoperiodistas debilitando todas las instancias científicas, académicas y culturales (el modelo de Trump y la precarización de las universidades públicas frente a las privadas -modelo Ayuso-). La censura de opiniones y manifestaciones culturales son un interés de las derechas.
  • El ataque a las políticas públicas y el refuerzo a la privatización de los servicios sociales, así como la reducción de los derechos laborales. En definitiva, un ataque al estado del bienestar que prolonga los efectos de las políticas neoliberales.
  • El empuje nacionalista e identitario es entendido como lo que ellos consideran «natural, tradicional y de sentido común”, adecuado a unos parámetros del carácter nacional basados en mitos y en un falseamiento de la historia (por ejemplo, la forma de hablar de “reconquista”), acordes con la normatividad religiosa, sexual y de género. Estas concepciones son claramente divisivas y atentan contra la convivencia en una sociedad diversa.
  • La lucha de las mujeres por la igualdad y el feminismo se considera una amenaza al “orden natural”, que es para ellos el orden de los privilegios masculinos y de la misoginia, al igual que los derechos de la diversidad sexual y de género. Es decir, su modelo es la familia natalista y jerárquica. Niegan la existencia de la violencia de género, la minimizan considerándola únicamente “intrafamiliar” o, sencillamente, la equiparan a la violencia contra los hombres. Pretender hacer tambalear algunos derechos ya conquistados.
  • El miedo a la invasión de la inmigración y su equiparación a criminalidad es uno de los ejes principales como generadores de odio en la población. Todo bajo la terrible teoría del “gran reemplazo” de la población originalmente autóctona por los inmigrantes. Algunas voces de la derecha extrema y de la extrema derecha, plantean, incluso, el uso del ejército para frenar la inmigración. Su locura militarista no tiene límites (Trump y otros autócratas son su modelo), tanto contra la inmigración como en el rearme militar.
  • Promueve el odio como hábito político (Peñamarín). Desde las ideas neoliberales consideran la justicia social y las ideas de izquierda como tiránicas, , opuestas al “orden natural” e, incluso, se considera a la izquierda como peligrosa para la humanidad e “inhumana” (Ayuso). La reiteración de insultos y vejaciones buscan la deshumanización de las personas, que como son representantes de un régimen tiránico y dictatorial se merecen todo tipo de ataques (a sedes de partidos y organizaciones progresistas, a periodistas, a menores inmigrantes…). No hay debate democrático, sino diversos tipos de violencia.
  • El culto a la acción por la acción –“la vida se vive para la lucha”-, que dicta que la acción tiene valor en sí misma y debe emprenderse sin reflexión intelectual. Esto, dice Umberto Eco, está relacionado con el antiintelectualismo y el irracionalismo, y a menudo se manifiesta en ataques a la cultura y la ciencia modernas. Todo el mundo es educado para convertirse en héroe y ese papel lo cumplen los “escuadristas” de diverso tipo (grupos como Desocupa y otros).

Hay un debate en torno a la comparación de la extrema derecha actual y la situación en época de la república de Weimar, previa al nazismo en Alemania o el fascismo de Mussolini. La comparación entre esas épocas y el neofascismo actual no debe considerarse como una predicción de que la historia se repetirá exactamente. Más bien, es un recordatorio de que ciertas condiciones crean un caldo de cultivo para movimientos que prometen soluciones simples a problemas complejos, alejados de los principios democráticos. La historia del nazismo y del fascismo italiano nos enseñan a estar vigilantes ante las señales de advertencia, incluso si se presentan en un envoltorio diferente, de un plan de destrucción del estado de derecho y de la institucionalidad democrática. Son procesos ya iniciados, en diverso grado en algunos países europeos y muy especialmente en grandes como Rusia, EEUU, China y varios más.

Las fuerzas progresistas deben enfrentar con firmeza esos avances neofascistas reforzando la democracia y los derechos sociales, políticos y de género de la inmensa mayoría de la ciudadanía.